Sobre las inversiones a corto plazo

 

Hay personas que limitan sus inversiones a corto plazo por desconocimiento.

 

 

Con una descripción general y simplificada del concepto, diríamos que las inversiones a corto plazo representan una opción financiera consistente en la adquisición de un determinado número de títulos o valores por un espacio temporal abreviado, más pensando en su salida (venta) y rentabilidad próximas a obtener. Frente a ellas, estarían las inversiones a largo plazo que tienen un horizonte mayor, indeterminado y sin prisas por desprenderse de ellas.

Cuando queremos situar un límite, es posible llegar a un punto de inflexión común tanto para una mayoría de empresas como un amplio grupo de personas que se interesan por el sistema financiero, coinciden todas ellas en señalar como inversiones de corto plazo a todas aquellas que son vendidas en un plazo no superior a un año. Así pues, superado ese máximo anual, se considerarán como inversiones a largo plazo los activos a mantener en cartera.

 

 

¿Cuáles podrían considerarse como inversiones a corto plazo?

Aquella s que tienen la expectativa de poder cobrarse en un período relativamente corto de tiempo, algunas de las más destacables podrían ser:

  • Pasivos acumulados: Tienen un importante valor recurrente, son pagos delegados como el impuesto a la renta, las cuotas de la Seguridad Social, retención sobre las remuneraciones a los empleados u otro tipo de impuestos sobre las ventas.
  • Cuentas por pagar: Es el crédito comercial, conocido usualmente como la cuenta de proveedores. Se registran por la práctica tradicional de vender a crédito, generan las mayores deudas en lo que se conoce en contabilidad como pasivo circulante o pasivo exigible a corto plazo, lo que obliga a las empresas a responder de esas deudas en menos de un año. Aunque no suelen tener intereses, se alejan de los descuentos por pagar la factura al contado. Otra forma de crédito en las relaciones comerciales es el anticipo de clientes, que adelantan parte del encargo y debería ir como parte del pago para financiar la producción –un desvío de esos recursos, puede generar problemas–.
  • Préstamos de entidades bancarias: El más común es el “pagaré”, se depende del plazo a devolver, las garantías aportadas, vinculación, avales y el monto de la operación para calcular el interés. También puede abrirse una línea de crédito, la cual estaría sujeta a distintas comisiones y tipo de interés que fijase la entidad financiera (además de poder requerir de avales o garantías extras, lo que añadiría complejidad a la operación).
  • Préstamos no bancarios: Leasing, factoring, revolving, pignoración, empeños o los más novedosos como el equity crowfunding.
  • Otros: Bolsa, depósitos, letras del tesoro con periodos acotados en el tiempo, igualmente así en fondos de inversión y Crowdlending.

 

Fuentes consultadas:

 

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